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El tumbao de Beethoven-Rafael Quintero

El Tumbao de Beethoven

 

Por Rafael Quintero

 

Cuando recibí la novela de Fabio Martínez, lo primero que me inquietó fue el nombre. Es un título comprometido. Dos nombres que ya tienen una significación: el de Beethoven, célebre compositor alemán de la música occidental, y Tumbao, esas acentuaciones irregulares que le dan su distinción a la música latina de raíz afro, y que también anuncian su presencia de tambor, en el movimiento musical de los cuerpos.

Había razones, por supuesto, en ese nombre que le daba una referencia a la novela. Me enteré de parte de su autor que en Beethoven estaba presente, no el hombre occidental, sino la gente negra de Cali, y sobretodo procedente de nuestra región pacífica, que suele colocar a sus hijos nombres ilustres de la historia universal, como: Homero, Anaximandro, Sófocles, Sócrates, Washington, Platón o Beethoven. Anunciaba la novela desde su propio título, que un negro iba a vibrar en su interior. Con mucho Tumbao, claro está, que es el acento de personalidad que el caleño le infunde a la cotidianidad de su vida y de su goce.

El Tumbao de Beethoven es una novela de la Caleñidad. Esa que algunos necesitan de su sustentación, porque parecen verla detrás de la vidriera, sin tocarla, sin escucharla, sin palparla. Pero ha sido la literatura, la única, que ha logrado esos acercamientos necesarios con un espíritu de ciudad, que el discernimiento intelectual ha visto borroso, y que por este medio literario se hace tangible, a través de las construcciones noveladas de la vida vivida. Andrés Caicedo hizo vivir esa Caleñidad, en Que Viva La Música, Umberto Valverde en todas sus novelas: Bomba Camará, Celia Cruz Reina Rumba, Quítate de la vía Perico. Cada una de ellas desde encuadres visuales distintivos: La generación del Rock que emprende su camino hacia la Salsa, y lo encuentra en las sonoridades musicales de Richie Ray, la generación de los barrios populares que se levantaron oyendo la sonora Matancera y que han respirado desde su origen, música y futbol, y también la ciudad de los caleños del narcotráfico. En todas ellas esta Cali, con su vida ligera, frívola, hasta elemental, donde ha crecido avasallante y sin remordimientos una cultura hedonista, donde bailar, la música alegre y la rumba, han sido los fundamentos que alimentan el espíritu de sus vidas y son condición esencial de su felicidad.

La novela de Fabio Martínez, se une a estas novelas de la caleñidad, de Valverde y de Andrés Caicedo, y en ella Cali existe como forma de vida, con sus emblemas de ciudad, como comportamiento y funcionamiento social de una comunidad, como frivolidad, con sus símbolos, sus comidas e incluso como lenguaje directo del habla, pues es una novela conversada en caleño. En ella Cali está presente como historia de una época, que había que contar, como transformación social de un pensamiento de discriminación y tolerancia, de la reinserción del negro en el conjunto de la sociedad, a partir del mismo elemento que ata a todos los protagonistas: el espíritu burlón del goza la vida como hago yo, de la música al cruzar las calles, de la salsa que no puede faltar y del baile que es el tumbao que identifica a la ciudad.

De los protagonistas que recorren la historia de la novela, el gran ganador es el Negro, representado en Beethoven Carabalí, que conquista con el baile a una joven blanca, de familia acomodada, y se compromete hasta tener un hijo con ella. Él es el único de los protagonistas que triunfa en la vida y se hace celebre y respetado en Cali y a nivel internacional, a partir del baile. La otra ganadora es precisamente su novia: Vicky, que sin ningún reparo social o étnico, se hace a su negro. Sueño que muchas señoras burguesas de la más rancia alcurnia, han cargado a cuestas, algunas sin consumar, seguramente desde el tiempo de las grandes Haciendas esclavistas. Esto queda referido en la novela cuando otra señora burguesa, Doña Maruja Garcés de Vallecilla, madre de uno de los tres amigos protagonista, Adolfo Vallecilla, se encuentra con Beethoven en un Festival de Orquestas y ella le pretende abiertamente:

 

No me digas señora. Beethoven, dígame simplemente Maruja…..me hizo divertir mucho, ¡Negro tenías que ser! Para amacizarme si no te daba pena! Tutéeme que estamos en confianza…ah mi bello Beethoven, ¿Para dónde vas ahora? Podríamos rematar en algún sitio. Bueno Beethoven, ahora no te vas arrugar. Dime, ¿me vas a invitar una próxima vez?

 

El Tumbao de Beethoven es una novela donde asoma la historia, hecha literatura, con las licencias que da la ficción, sin los rigores de la veracidad y la cronología, y alcanzando una síntesis que interrelaciona multiplicidad de sucesos que tuvieron ocurrencia en la historia juvenil de una generación de caleños, entre los años 60 hasta los 80. Son novelas necesarias, como las de Valverde y Andrés Caicedo, que dan a conocer su ciudad y sus gentes, con un espíritu adolescente, que las hace atractivas para una población joven hábida de conocer su historia y de mirarse en el espejo de su pasado y de sus vivencias más auténticas.

El Tumbao de Beethoven es una novela sin pretensiones intelectuales en su forma, con un estilo ausente de erudiciones y referencias a lecturas de autores o episodios de la historia universal, que la establezca como una pieza intelectual en la literatura. Si se mencionan furtivamente algunos autores y se les comenta, se les invoca para divertirse un poco, para que a Nietzsche, el negro Beethoven lo confunda con El Grupo Niche, para que la mención de Bergman, Roland Barthes, Hemingway o Cortázar, propicien conversaciones divertidas entre los jóvenes o simplemente sean una referencia más, de las temáticas que ellos abordaban en esa época, que podían extenderse desde el psicoanálisis, a Oscar de León o al Lago Freud de Univalle. Estamos ante una novela que divierte de principio a fin, a partir de plasmar el retrato de lo que hemos sido y de lo que en últimas somos. El humor es uno de sus atributos inteligentes y ambienta cada una de sus páginas, como en episodios como este:

 

(El español Gilberto, ha bailado un pasodoble muy torero y recibe aplausos de la concurrencia):

 Pero los palmares son también para la maja.

 ¿Cómo me dijiste amor? ¿Vaga? Pregunta Blanca que ya está mareada.

No mi Amor te dije Maja. Así se dice en España

Gilberto, ¿tú me dijiste vaga? ¿Tú te atreviste a decirme Vaga? Gilberto, ¡yo no soy vaga! ¡Vaga será tu madre!

 

Narrada en tercera persona, la novela El Tumbao de Beethoven, está construida y soportada literariamente en el desarrollo de diálogos, que reconstruyen con exactitud el espíritu e idiosincrasia de la gente caleña. Los diálogos son un retrato de cómo se expresan en la conversación la gente nacida en esta ciudad. Así como Sánchez Juliao, pudo escribir El Pachanga, a la manera del habla del camaján costeño o Cabrera Infante pudo reconstruir la expresión verbal de diferentes momentos de la Habana de los años 50 en Tres Tristes Tigres, esta novela en sus diálogos esta hablada en caleño.

La música, el baile, la salsa, el futbol, el equipo América, los lugares y viandas emblemáticas, tal como corresponde a una novela de la vida caleña, es la atmosfera y el telón de fondo de todos los acontecimientos. La música suena por todas partes y el baile es el motor de la vida de los protagonistas y sus allegados. Sin esos elementos vitales, sus vidas no tendrían cabida en la ciudad y no habría historias posibles de la caleñidad. Por eso el triunfador en una sociedad de bailadores, es precisamente un bailarín, que podría ser una metáfora del reconocimiento y del posicionamiento mundial de Cali, a partir de sus bailarines de salsa. Los bailarines representan la sensibilidad alegre de una ciudad, donde bailar la salsa es su tarjeta de identidad ante el mundo. Porque sin baile, sin salsa, ya no es posible que exista Cali.

Fabio Martínez ha escrito una novela con alma adolescente, un texto vivencial para las juventudes que necesitan reconocerse en su historia, para la comunidad internacional que ha hecho de la sucursal del Cielo, un mito por descubrir.

 

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